Chet Baker piensa en su arte

Es medianoche y un hombre llamado Chet Baker se dispone a tocar en la soledad de su cuarto de hotel How deep is the ocean? Él es la medida de todos los hombres y la pregunta del título de la pieza es la medida de todo interrogante humano. Duda entre interpretar el tema ciñéndose a la melodía o por el contrario recurriendo a la improvisación. La melodía representa lo narrativo, lo discursivo. La improvisación encarna la libertad, el arte puro, lo no-narrativo. ¿Podrá lograr que ambas forman converjan en una respuesta híbrida, equilibrada, nueva? Piensa en cómo la hubieran tocado Louis Armstrong, Gillespie, Donald Byrd, Lee Morgan, que murió baleado por su mujer mientras tocaba en Manhattan.

Esta podría ser a grandes rasgos la sinopsis de Chet Baker piensa en su arte, la pieza de ficción crítica que da título al volumen publicado en 2010 por Mondadori Debolsillo y que recoge los relatos selectos de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948). Sin embargo Chet Baker aparece en este relato de cien páginas de manera más bien esquinada. El narrador ve desde la ventana de su cuarto a un hombre que enciende un cigarro dentro de un coche aparcado. Ese hombre -piensa el narrador- podría ser Chet Baker pensando en su arte.

Pero quien en este relato piensa en su arte es un hombre llamado X, o Vila-Matas, o Sigbjorn Wilderness o A. O. Barnabooth. Es medianoche en un cuarto de hotel de Turín y el narrador -crítico literario y eventual traductor de novelas francesas- se dispone a poner por escrito una larga reflexión, un ensayo destinado a dilucidar la posibilidad de hacer converger en literatura lo que él llama la vertiente Finnegans (vertiente no-narrativa, difícil) con el modo Hire (lo narrativo, lo discursivo, una historia con planteamiento, nudo y desenlace).

“Me gusta la literatura que no está muy segura de sí misma, que se presenta ante nosotros como un discurso poco estable”, dice el narrador. Este “radical texto secreto” que compone en la soledad de su cuarto, lejos de su familia, lejos de cualquier interrupción, quiere reaccionar contra el “fosilizado ensayo convencional” y erigirse en nuevo género: ficción crítica. A mí también me gusta la literatura que habla de sí misma. Por eso precisamente me interesa la vía Vila-Matas. La intertextualidad y la escritura concebida como un reloj que avanza son los rasgos más notables de entre los cinco que el autor señala como irrenunciables en Perder teorías. Va desgranando sus dudas el hombre en la alta madrugada y esa madeja más cool que bebop es un ensayo muy libre y que contiene todo su equipaje, todo cuando un escritor necesita para escribir sobre su experiencia como escritor. Y ve a través de la ventana a un tipo que podría ser Chet Baker y que acaso está a punto de llevar a cabo una compleja operación mental para fundir a Finn y a Hire y convertirse así en una “unidad vagabunda que mejore la realidad”.

La aventura vilamatiana quiere además ser homenaje a Xavier de Maistre, que en un cuarto cercano escribió en 1794 Voyage autour de ma chambre. “Sin saberlo -dice el narrador- [De Maistre] estaba preparando el terreno para que el viaje de mis contemporáneos -tan interior, en contraposición al exterior, propio de las novelas del XIX- fuera una sucesión infinita de introspecciones, de odiseas de la vía Po”.

De Joyce a Simenon, de Musil a Borges, de Kafka a Nabokov, de Sterne a Stevenson, de Pessoa a Perec este elegante lector (nuestro igual, nuestro hermano) atraviesa su noche mientras construye su larga reflexión y escucha una canción inquietante. Ha elegido para acompañar el hilo de sus pensamientos el tema Bela Lugosi´s dead. Como no lo conocía he buscado una versión al azar de las muchas que escucha el crítico en la noche: la del grupo Bauhaus. La canción, desasosegante a más no poder, repite en su estribillo como un mantra undead! undead! undead! ¿Quién querría pensar en su arte mientras escucha una canción así? Tal vez alguien a quien resulta conveniente no olvidar que vendrá la muerte. Y entonces recuerdo que en una habitación de hotel en Turín, sesenta años atrás, perpetró su último gesto Pavese.

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