Amor y Exilio, Isaac Bashevis Singer

El joven novelista en yiddish Isaac Bashevis Singer había decidido enfrentarse a la escritura de un libro obedeciendo a estas tres premisas:

1. Su argumento debe ser preciso y cargado de suspense.

2. El autor debe sentir un deseo apasionado de escribirla.

3. Ha de tener la convicción, o al menos la ilusión, de que es el único capaz de abordar ese tema concreto.

Sin embargo su primera novela americana -encargada por The Daily Forverts para publicarse en entregas y generosamente remunerada por el periódico- fue considerada fallida y le devaluaron a la categoría de columnista. Su texto semanal versaba sobre hechos formidables aparecidos en la prensa. Podía aprenderse mucho de la llamada prensa amarilla de los años 30: cuántos años vivía una ballena, cuánto llegaría a medir la barba de un hombre de setenta años que nunca se hubiera afeitado, de cuántos vocablos constaba el idioma zulú. Singer había publicado en Varsovia su primera novela Satán en Goray –de tema cosaco– . Había encarado versiones yiddish de folletones en alemán para la prensa judía polaca y artículos para el diario de Nueva York donde trabajaba su hermano mayor Yehoshúa. Fue gracias a este que Isaac obtuvo un visado para Estados Unidos tres años antes de que Hitler invadiera Polonia.

Una vez en Nueva York todavía tuvo que enfrentarse al fantasma de la deportación. Su visado de turista, varias veces renovado y expirado, había dejado de servir. Para lograr el permiso de residencia se sometió con ayuda de un abogado a un chanchullo común en aquel tiempo. Entraría de manera ilegal en Canadá: viajaría hasta Detroit y allí se encontraría con un hombre en el vestíbulo de un hotel. Él lo conduciría a través del canadiense puente Windsor y una vez allí tomaría un autobús hasta Toronto. Recibiría el visado en el hotel donde se hospedase. Sólo había que demostrar mediante una cuenta bancaria suficientemente provista que no sería una carga para Estados Unidos. Cuarenta años después, este enclenque y asustadizo personaje continuamente acosado por los nervios y tentado por el suicidio recibía el premio nobel de literatura por sus novelas en yiddish, “jerga” menospreciada incluso por los propios judíos y que él había contribuido a engrandecer.

Arranca esta novela autobiográfica con las tribulaciones místicas y ontológicas que le asediaron en la infancia. Descendiente de generaciones de rabinos, jasidim y cabalistas que entendían la llegada del Mesías en sentido absolutamente literal, el niño Singer creció a la espera del anuncio del profeta Elías. “Los malhechores y enemigos de Israel perecerían, la Tierra de Israel se extendería sobre todas las naciones, un templo de fuego bajaría sobre Jerusalén desde el cielo”. Sin embargo con la adolescencia llegaría el racionalismo y la sed de lecturas científicas. El fervor de sus antepasados místicos quedaría definitivamente diluido tras sus lecturas de Kant, Spinoza, Einstein, Hamsun, Dostoievski. Gracias a la influencia de su hermano mayor se convirtió muy pronto en un escéptico. Con dieciocho años escapó del lugar “mitad pueblo, mitad ciénaga” donde había empezado ejercer como maestro y se asentó en Varsovia como corrector de pruebas de un diario. Mil apuros económicos,  aventuras amorosas simultáneas y hasta un hijo ignoto con una judía trotskista dejó en Polonia en 1935. Esto último no lo supo hasta algún tiempo después, en los días previos a la treta canadiense para conseguir el visado permanente.

Amor y exilio (1984) -que duplica, recordemos, las líneas argumentales de El Certificado, publicada en entregas en 1957- termina precisamente con una llamada de auxilio desde Atenas de Lena, la madre de su hijo. El niño está con ella y necesita dinero con urgencia. Mientras, el Forverts ha dejado de publicarle su columna semanal y Singer se dedica a hacer adaptaciones dramáticas para teatro en yiddish.  Sus cincuenta y siete años de vida americana no han hecho más que comenzar.

Sentía más simpatía por David Bendingen, el héroe de ficción. Cómo podría él haber imaginado que tantos años después ese anciano laureado  iba a volver a Polonia para robarle su vida.

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