Seis decálogos y una incertidumbre

Gustave Flaubert

Para tener talento será necesario estar convencido de ello. Para tener la conciencia en estado puro debe situarla por encima de la de todos los demás. No siempre será divertido. Usted estará muy solo, pero se consolará escupiendo desde arriba.

Si usted, aviador novato, tiene la irresistible necesidad de escribir y posee un temperamento de Hércules, ha hecho bien en dedicarse a la literatura. Si no, olvide la literatura.

Debe escribir siempre. Sus contemporáneos desconocerán qué pervivirá de su obra. Nunca los grandes hombres fueron considerados en vida. Los hace así la posteridad. Usted trabaje si se lo dicta el corazón, si siente que la vocación le arrastra.

Si tiene una gran imaginación, mucho adquirido o una formación histórica precoz , trabaje durante mucho tiempo en soledad y sin recompensa o idea de publicación. Está perdido si piensa sacar de sus obras algún provecho. No hay más que pensar en el arte y en su perfeccionamiento individual, todo lo demás viene después. En cuanto al éxito, los que presumen de conocer al público se equivocan todos los días.

Lleve a cabo grandes lecturas seguidas y escoja argumentos largos y complejos. Relea todos los clásicos y júzguelos como juzgaría a los modernos. Lea y no sueñe. No hay nada tan bueno como el trabajo obstinado. De él se desprende el opio que adormece el alma. Uno se salva a fuerza de constancia y de orgullo. Inténtelo.

Conozco el oficio de escritor, no es suave, pero sí hermoso. El periodismo no le conducirá a nada. Esa profesión es una sima que ha devorado a los organismos más fuertes y sé de personas de genio convertidas en bestias de carga.

Trabaje, medite y condense su pensamiento. La unidad, el conjunto es lo que falta a todos los escritores. Hay mil bellos pasajes, no una obra. Concentre su estilo, haga un tejido suave como la seda y fuerte como una cota de mallas. Es preferible que no escriba nada antes que ponerse manos a la obra mal preparado.

Desconfíe de esa especie de vena llamada inspiración, hay que escribir fríamente. Conozco esos bailes de disfraces de la imaginación, de ellos se regresa sofocado, agotado, no habiendo visto más que falsedades y escrito tonterías. Todo eso debe hacerlo en frío, lentamente.

En su obra, como aviador novel debe estar como Dios en el universo, presente en todos los sitios y visible en ninguno.

flaubert

 

K. Chesterton

1.-El fracaso de los cuentos

“Lo primero y principal es que el objetivo del cuento de misterio, como el de cualquier otro cuento o cualquier otro misterio, no es la oscuridad sino la luz. El cuento se escribe para el momento en el que el lector comprende por fin el acontecimiento misterioso, no simplemente por los múltiples preliminares en que no”.

“La mayoría de los malos cuentos policíacos lo son porque fracasan en esto. Los escritores tienen la extraña idea de que su trabajo consiste en confundir a sus lectores. Pero no hace falta sólo esconder un secreto, también hace falta un secreto digno de ocultar”.

“El clímax no debe ser anticlimático. No puede consistir en invitar al lector a un baile para abandonarle en una zanja. Cualquier forma artística, por trivial que sea, se apoya en algunas verdades valiosas”.

2.-Una verdad sencilla

“El segundo gran principio es que el alma de los cuentos de detectives no es la complejidad, sino la sencillez. El secreto puede ser complicado pero debe ser simple. El escritor esta ahí para explicar el misterio y no la propia explicación”.

“Debería ser algo que pueda decirse con voz silbante (por el malo, por supuesto) en unas pocas palabras. Algunos detectives literarios complican más la solución que el misterio y hacen el crimen más complejo aún que su solución”.

3.-Personajes familiares

“En tercer lugar, de lo anterior deducimos que el hecho o el personaje que lo explican todo deben resultar familiares al lector. El criminal debe estar en primer plano pero no como criminal; tiene que tener alguna otra cosa que hacer que, sin embargo, le otorgue el derecho de permanecer en el proscenio”.

4.-Los asesinatos y el chiste

“El cuarto principio descansa en el hecho de que, entre las artes, los asesinatos misteriosos pertenecen a la gran y alegre compañía de las cosas llamadas chistes”.

“La historia es un vuelo de la imaginación. Podemos decir que es una forma artística muy artificial pero prefiero decir que es claramente un juguete. El lector es un niño y, por lo tanto, muy despierto, consciente no sólo del juguete, también de su amigo invisible que fabricó el juguete y tramó el engaño”.

“E insisto en que una de las principales reglas que debe tener en mente el hacedor de cuentos engañosos es que el asesino enmascarado debe tener un derecho artístico a estar en escena y no un simple derecho realista a vivir en el mundo. No debe venir de visita sólo por motivos de negocios, deben ser los negocios de la trama. No se trata de los motivos por los que el personaje viene de visita, se trata de los motivos que tiene el autor para que la visita ocurra”.

5.-No a las alucinaciones

“El cuento de misterio ideal es aquel en que es un personaje tal y como el autor habría creado por placer, o por impulsar la historia en otras áreas necesarias y después descubriremos que está presente no por la razón obvia y suficiente sino por la segunda y secreta”.

“El principio de que los cuentos de detectives, como cualquier otra forma literaria, empiezan con una idea. Cuando la historia trata de investigaciones, aunque el detective entre desde fuera el escritor debe empezar desde dentro. Cada buen problema de este tipo comienza con una buena idea, una idea simple. Algún hecho de la vida diaria que el escritor es capaz de recordar y el lector puede olvidar. Pero en cualquier caso la historia debe basarse en una verdad y no una alucinación”.

chesterton
 

Elmore Leonard

  1. Nunca empieces un libro hablando del clima.

Si sólo te sirve para crear atmósfera y no es una reacción del personaje al clima, no debes usarlo demasiado. El lector buscará las reacciones del personaje. Hay algunas excepciones, claro. Si te llamas Barry Lopez y conoces más maneras de describir el hielo y la nieve que un esquimal, puedes hablar del clima tanto como te de la gana.

  1. Evita los prólogos.

Pueden resultar molestos, especialmente un prólogo después de una introducción que viene antes de la dedicatoria. Pero en no ficción son muy habituales. En una novela, el prólogo cuenta los antecedentes de la historia, pero no hace falta contarlos al principio, puedes ponerlos donde quieras.

Siempre hay excepciones, claro. “Dulce jueves” de John Steinbeck tiene prólogo, pero me parece bien porque es un personaje del libro que deja claras las reglas, que nos explica como le gusta que le cuenten las cosas.

Lo que hace Steinbeck en “Dulce jueves” fue titular los capítulos a modo de indicación, aunque algo oscura, de lo que tratan. Hay dos capítulos que llega a titularlos “hooptedoodle” (palabrería) en los que avisa al lector: “Aquí haré vuelos espectaculares con mi escritura, y no se entremezclará con la historia. Sáltatelos si quieres”. “Dulce jueves” se publicó en 1954, cuando yo empezaba a publicar, y nunca olvidaré el prólogo. ¿Me leí los capítulos hooptedoodle? Cada palabra.

  1. No uses más que “dijo” en el diálogo.

La frase, en el diálogo, pertenece al personaje. El verbo viene a ser el escritor husmeando donde no debería. El verbo “decir” es bastante menos intruso que “gruñir”, “exclamar”, “preguntar”, “interrogar”… Cierta vez leí un “ella aseveró” al final de una frase de un personaje de Mary McCarthy y tuve que parar de leer para buscarlo en el diccionario.

  1. Nunca uses un adverbio para modificar el verbo “decir”…

… amonestó severamente. Usar un adverbio de esta manera (o de casi cualquier manera) es un pecado mortal. El escritor se expone a interrumpir el ritmo de intercambio cuando usa este tipo de palabras. Un personaje cuenta en uno de mis libros cómo solía escribir sus romances históricos “llenos de violaciones y adverbios”.

  1. Controla los signos de exclamación.

Se permiten alrededor de dos o tres exclamaciones por cada 100.000 palabras en prosa. Si tienes el don de Tom Wolfe con ellos, puedes usarlos profusamente.

  1. Nunca uses palabras como “de repente” o “de pronto”.

Esta regla no requiere ninguna explicación. Me he dado cuenta de que los escritores que usan exclamaciones como “de repente” suelen tener menos control sobre sus signos de exclamación.

  1. Usa términos dialectales muy de vez en cuando.

Si empiezas a llenar la página de diálogo ininteligible, no podrás parar. Un buen ejemplo sería Annie Proulx, que es capaz de captar muy bien el sabor del habla de Wyoming.

  1. Evita las descripciones demasiado detalladas de los personajes.

Steinbeck lo hacía. Pero en “Colinas como elefantes blancos” Hemingway por ejemplo, usa una única descripción para el personaje de la mujer que acompaña al americano: “Se quitó el sombrero y lo dejó en la mesa”. Es la única referencia física en la historia, pero aún y así vemos a la pareja y sabemos de ellos por su tono de voz… sin adverbios que los acompañen.

  1.  No entres en demasiados detalles al describir lugares y cosas.

Si no eres Margaret Atwood, que pinta escenas con el lenguaje o no puedes describir el paisaje como lo hace Jim Harrison, no lo hagas. Incluso si estás dotado para las descripciones, ten en cuenta que el meollo de la historia debe ser la acción, no la descripción.

Y finalmente:

  1. Trata de eliminar todo aquello que el lector tiende a saltarse.

Esta regla se me ocurrió en 1983. Piensa en lo que te saltas cuando lees una novela: largos párrafos de prosa con demasiadas palabras. ¿Qué está haciendo el escritor? Hablar del tiempo, o ha entrado en la mente del personaje y el lector o bien sabe qué es lo que piensa el personaje, o bien no le importa. Me apuesto lo que sea a que no te saltas el diálogo.

Mi regla más importante es una que las engloba a las diez.

Si suena como lenguaje escrito, lo vuelvo a escribir.

Si la gramática se inmiscuye en la historia, la abandono. No puedo permitir que lo que aprendí en clase de redacción altere el sonido y el ritmo de la narración. Es mi intento de permanecer invisible, no distraer al lector de lo que es escritura obvia (Joseph Conrad habló una vez de las palabras que se inmiscuyen en lo que quieres contar). Si escribo una escena, siempre desde el punto de vista de un personaje (el que me da la mejor visión de la vida en esa escena en particular) puedo concentrarme en las voces de los personajes contando quienes son y cómo se sienten, qué ven y qué sucede. Así es como desaparezco de la escena.

elmore-leonard

 

Juan Carlos Onetti

  1. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.
  2. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

3. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.

4. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.

5. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

6. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

7. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

8.  No olviden la frase, justamente famosa: dos más dos son cuatro; pero ¿y si fueran cinco?

9. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

10. Mientan siempre.

11. No olviden que Hemingway escribió: “Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer.”

onetti

 

Roberto Bolaño

“Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.

  1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
  1. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
  1. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
  1. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
  1. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.
  1. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
  1. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!
  1. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
  1. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
  1. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
  1. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
  1. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.”

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Thomas Pynchon

  1. Es erróneo comenzar con un tema, símbolo u otro agente unificador abstracto, y luego intentar que los personajes y acontecimientos se le adapten a la fuerza.
  1. Sé demasiado conceptual, demasiado listo y remoto y tus personajes se morirán en la página.
  1. Me guiaba por el lema “hazlo literario”: un mal consejo.
  1. Sin algún anclaje en la realidad humana, lo más probable es que uno se quede sólo con otro ejercicio de aprendiz.
  1. Es una mala manera de escribir un relato: empezar con una acuñación termodinámica, los datos de una guía, y solo entonces intentar el desarrollo del argumento y los personajes. Esto es entenderlo todo al revés.
  1. Entonces era joven, y me interesaba más confiar al papel una variedad de abusos, como el de escribir en un estilo recargado… Lo que puede ocurrir cuando uno emplea demasiado tiempo y energía sólo en las palabras.
  1. Escribir sobre lo que se conoce. El problema es que en la juventud creemos saberlo todo, o mejor, desconocemos el alcance y estructura de nuestra ignorancia. Familiaricémonos con nuestra ignorancia, para no tener que echar a perder un buen relato.
  1. Los aprendices, en todos los campos y épocas, desean ansiosamente ser viajeros.
  1. El aprendizaje avanza continuamente.
  1. Ya has practicado bastante. ¡Ahora escribe!

 

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