Tengo miedo torero, de Pedro Lemebel

Con ritmo de verso libre y modales de loca abarrocada, Pedro Lemebel (Santiago de Chile 1955) teje la novela Tengo miedo torero (2001), cuyo núcleo argumental es la emboscada fallida que le tiende el Frente Patriótico Manuel Rodríguez a Pinochet en 1986 y la historia de amor evanescente entre Carlos, universitario perpetrador del atentado y la Loca del Frente, plausible trasunto del propio Lemebel, homosexual que ofrece su casa como pequeña guarida a los muchachos que urden el plan.

Metáforas, símiles, tropos, sinestesias… de toda figura que valga para engalanar una realidad pacata, para nombrar de otra manera el horizonte sombreado de milicos se sirve Lemebel como si de un código de supervivencia se tratase. Junto a la parafernalia de las locas y los travestis (flores de Genet, cobras de Sarduy) ha germinado la manera necesaria de decir -por medio del retrúecano y la adjetivación desaforada- formas que la bota militar no comprende y aplasta: la palabra como rebelión, la serpentina y la fiesta como venganza poética lanzada contra  los boletines de Radio Cooperativa, la radio de la mayoría.

Un narrador en tercera persona que cae cual plano-secuencia florido sobre Santiago, sus cerros y sus campos le da voz tanto a la Loca como al propio dictador y su mujer la señora Lucy, que entran en el plano hablando en primera persona sin pedir permiso, es decir, sin que guiones ni comillas los anuncien. Así lanza irónicas pullas tragicómicas:

Viste que no me equivoqué cuando te dije que no dejaras volver a esa tropa de literatos marxistas. Tan diferentes oye a Don Jorge Luis Borges, un caballero, un gentleman que se emocionó tanto cuando lo condecoraste con la Cruz al Mérito. Dicen que el pobre se perdió el Premio Nobel porque habló bien de ti. Mira tú que desgraciados son esos suecos que se hicieron el sueco con el pobre viejo. Dicen que sus libros son muy interesantes, pero la verdad Augusto, yo no entendí ni jota cuando traté de leer el Olé, Haley, Alf. ¿Cómo se llama ese libro famoso? Tú me dirás que no tengo corazón, ¿pero qué sabía yo que Borges era ciego? Y cuando me lo presentaron, en vez de darme la mano, agarró el brazo del sillón.

El narrador (o narradora, ya que la autodenominada Loca habla de sí en femenino todo el tiempo) actúa sobre el argumento como un escenógrafo doblegado por el horror vacui. Lector y heredero natural de los autores del boom y emparentado con la tétrica mofeta -ese novelista homosexual caribeño llamado Reinaldo Arenas- Lemebel va del autoescarnio asumido de ser loca vejada en dictadura militar a la ironía implacable y la resignación abolerada de los amores imposibles para terminar sola y viva en la playa amarga que es su bandera.

Pedro Lemebel. Manifiesto Hablo por mi diferencia. Santiago de Chile, 1986. Colección del artista

Pedro Lemebel. Manifiesto Hablo por mi diferencia. Santiago de Chile, 1986. Colección del artista

En el Reina Sofía se puede ver hasta marzo la exposición Perder la forma humana: una imagen sísmica de los años ochenta en América latina. De este activismo fue Lemebel figura señera fundando el movimiento Las Yeguas del Apocalipsis.

El título de la novela (cortina de raso ajado con olor a tabaco viejo) viene del cuplé o más bien del pasodoble.

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Tengo miedo torero, nota al pie

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Vista la dificultad de encontrar los libros de Pedro Lemebel (Santiago de Chile 1955) -autor bastante desconocido en España; el único de sus libros editado aquí  es Loco afán: crónicas de sidario (Anagrama 2000)- en bibliotecas públicas o librerías de saldo pido a Amazon un ejemplar de Tengo miedo torero (Seix Barral Chile 2001). Si bien el título no contribuye a aminorar la sospecha de que Lemebel es, en virtud de su calidad de activista homosexual en un país homóbofo más un personaje folclórico que un escritor conspicuo, elijo este libro porque es el más barato de los que ofrecen. Es además, si la wiki no miente, su única novela, escrita bajo el auspicio de una beca Guggenheim y finalista del premio Altazor en 2002. Amazon me indica que el libro es nuevo y cuesta cinco euros. Lo pido.

Un día después el librero de Barcelona que vende el ejemplar me envía un correo. Que ha cometido un error, que el libro no es nuevo, me dice. Que tiene una extensa dedicatoria en la guarda anterior (el papel rígido que está pegado a la cubierta, antes de la página de respeto) y en la página de respeto (es decir, la página en blanco antes del inicio del libro) que va antes de la portadilla principal. Me adjunta un pdf de la dedicatoria en cuestión para mi evaluación. Ofrece reenvolsarme el dinero. Me ofrece también cualquier libro de su catálogo a mitad de precio.

Lemebel está en camino.

Lemebel

Tengo miedo torero

Dedicatoria Lemebel

Transcribo:

Pedro Lemebel es el ser más bello que conocí el año pasado. Ocurrió en primavera, en el MALBA.

Vino a entretejer su obra literaria y su vida de loca pobre, aguda, entusiasta.

Estaba -ella lo dijo- más vieja y más gorda que (con) el  photoshop.

Tenía una pose clueca, un gesto esdrújulo y una peluca que le hacía cosquilla a su huesito dulce.

Mitad de la charla en (    ) desprendiéndoseles de la cabeza mientras dos (¿ o eran tres?) whiskies enrocados inyectaban sus historias, anécdotas y silencios.

¡¡Me desternillé de la risa!!

Dictadores, efebos y curas poblaban su relato.

Y las locas. La acidez, el eructo y la soledad de las locas.

Pedro habla de amores y postergaciones.

Pinta como ninguno la vida y la muerte, la homosexualidad chilena, que bien puede ser argentina. Y tú me dirás, catalana.

Espero, querido amigo, querido hermano, que Pedro te haga buena compañía.

Él adoraría conocer San Pol de Mar y vos, llevarlo.

Si mi cuerpo no es (      ) alma y mi corazón serán de la partida.

Estaré en  silencio, viendo tu cara deslizándose entre las letras.

Junto con Pedro, van mis cojones  abrazos a tus brazos.

Te quiero mucho

Germán IV-05

Como todos sabemos, la literatura engendra literatura. Doy por hecha la reseña del libro aun antes de haberlo leído. Después veremos cómo podemos ampliarla. Dejo a los bolañistas la composición de esta nouvelle marítima, noir y catalanoamericana donde Germán se pone en contacto conmigo para recuperar libro y dedicatoria y de paso (locuaz como es) me cuenta la historia de su amigo, a quien (apelando a un fácil nudo dramático) una enfermedad contagiosa ha borrado ya del mapa. El personaje central (meticulosamente construido y verdadero protagonista) es quien vende la biblioteca del amigo de Germán (acaso su última pareja) decidido a erradicar todo rastro de uno que lo amó.