Magma (Spurious) de Lars Iyer (II)

Evidentemente relacionar a Iyer con Vila-Matas tampoco parece demasiado original. Sin embargo creo que no fuerzo la comparación si trato de encajar las cinco premisas de la novela futura expuestas en Perder Teorías con los temas que propone Iyer en su ópera prima.

Siendo el núcleo del libro la imposibilidad de la literatura en nuestros días y la eterna postergación de nuestras intenciones intelectuales o espirituales (tema kafkiano donde los haya) comenzaré enumerando en orden inverso los cinco rasgos esenciales, irrenunciables de Vila-Matas, a quien Iyer ha leído.

1. La conciencia de un paisaje moral ruinoso (V-M) > La sensación compartida de que todo se acaba, de que todo se ha acabado (L.I)

2. La victoria del estilo sobre la trama. Como hemos dicho, el estilo ágil y conversacional, el tono coloquial, deshilvanado, aforístico, esa sensación de que “en broma se dicen las cosas más serias”, la reproducción entre comillas de las frases de W. triunfan sobre el fondo o tal vez la forma sea en gran medida el fondo. Y desde luego un síntoma.

3. La escritura vista como un reloj que avanza y 4. Las conexiones con la alta poesía están en Magma en la metáfora de la humedad del piso de Lars. La humedad (el naufragio) se reviste de una poética baudelaireana, de una poética de la descomposición: “un hueco, de ahí es de donde emana la humedad, lo sé, le cuento a W. Ahí es donde está: materia oscura, mojada, sin forma. Materia sin luz, como las galaxias enanas fundamentalmente gaseosas”.

5. La “intertextualidad“: en sentido amplio, el conjunto de relaciones que acercan un texto determinado a otros textos de variada procedencia: del mismo autor o más comúnmente de otros, de la misma época o de épocas anteriores, con una referencia explícita (literal o alusiva, o no) o la apelación a un género, a un arquetipo textual o a una fórmula imprecisa o anónima.

Muchas son las referencias y alusiones que contiene Magma, de Ariosto a Spinoza “a W, le gustan las listas. Es algo borgiano”. No las enumeraré.

W. ha anotado en su cuaderno una cita de Le Communisme de Mascolo:

Uno escribe para el desubicado (…), es decir, para los amigos de uno, y menos para los amigos que uno tiene que para las innumerables personas desconocidas que llevan la misma vida que nosotros, aquellas que de manera general y aproximada entienden las mismas cosas, son capaces de aceptar o se ven obligadas a rechazar lo mismo, y que se encuentran en idéntico estado de impotencia y silencio oficial.

Y otra vez la sensación compartida de que todo se acaba, de que todo se ha acabado, y que toda una civilización ha llegado a su fin.

Al final, eso es lo que compartimos, decide W. La sensación de que el apocalipsis no acaba de completarse y de que todavía hay base para la esperanza.

Lars Iyer es profesor de filosofía en Newcastle antes que novelista, por eso quiero subrayar para terminar dos ideas que me parecen fundamentales en Magma:

La imposición de una manera binaria y maniquea de entender la realidad convierte en risible (por trágica) la interrogación acerca de los grandes problemas filósoficos en un mundo cada vez más pragmático dirigido por algoritmos computacionales.

De qué se ríe Iyer:  Del libro como exigencia curricular. De la escritura como un producto más, de la mercantilización del arte y del mundo universitario. Del escritor o profesional de la escritura como productor intelectual. No importa cuán intrascendente y mezquino sea el tema, cuán fragmentaria o manida la obra: esa necesidad de estar continuamente en algo –la perspectiva y persecución de un nuevo proyecto- convierte al catedrático en un payaso paranoide al acecho de una idea, de una línea maestra con que tejer un libro nuevo.

Todavía me estoy riendo.

magma