Cozzolino sin pastillas

Lo primero que leí en Sin pastillas fue un breve ensayo sobre la tristeza y después extraje de la nube de tags otros textos como noche, paranoia de un hombre o lúcida duda de un hombre. Paranoia, neurosis, duda, qué sería sin ellas la historia de la literatura. Llegaron después Bonito y Zamudio y así fui del blogger al escritor, del blog a los libros. Cómo perder la cabeza es, todo hay que decirlo, una de las mejores piezas del manual. Transitando la germanófila mansión bonaerense de los Höss saborea el lector el más lúdico registro de Cozzolino. Prosa tensa, tersa, coloquial, francotiradora prosa todo humorismo para narrar la desgracia del heredero Leo Höss: Bartleby no levanta cabeza. Narración hipnótica en primera persona este díptico-fresco del Buenos Aires menemista. Bonito. Yo soy aquel (editorial SP 2013). No creo que se haya contado nunca así el tránsito de la heterosexualidad a la homosexualidad de un adolescente, su detallada consciencia y circunstancia.

Zamudio es la antítesis de Leonardo Höss. Zamudio es preñador. Höss es impotente mientras tanto. Zamudio es triste y Höss está triste. Entre tristeza y tristeza está el abismo entre la ficción de uno mismo y la ficción. Tulipanes para Zamudio (Editorial Universos 2009) es un libro de relatos conectados entre sí a través de ciertos personajes que arrastran problemas, dilemas. O una novela desmembrada en relatos. La pieza central, 504, debería incluirse en cualquier antología del cuento triste, junto a Luvina de Rulfo y unos pocos más. Dejenmé pensar. Pero Luvina es un cuento telúrico y bíblico. 504 tiene también su porción de antiguo testamento y ante todo la memoria de la infancia. Condenados a repetir los errores de nuestros padres y a transmitir a nuestros hijos nuestras frustraciones, qué nos queda sino abrazar una fe, la fe en Di-s o en que todo esto vaya a tener, finalmente, un sentido. La escritura de Javier G. Cozzolino (Buenos Aires 1973) es una fe. La fe imperecedera en uno mismo que es una manera de no matar o matarse. Zamudio, periodista y padre de familia, católico y sentimental, pasea por Buenos Aires narrando y narrándose y bueno, qué más.