Plataforma o la vida sexual de las sepias

También leemos para que el libro nos borre, nos absorba en agrisados andenes de tren, atestados vagones de metro. Porque escribimos después de otros este libro puede ser tanto barómetro de la razonable prosa como frontera del ánimo occidental. Más tarde dos personajes (un hombre y una mujer) hablarán de este libro en otra novela mientras beben un gintonic en la piscina de un hotel con vistas al mar, digamos en Pernambuco. Un atentado contra el amor en occidente, dirá él que sin embargo no ha leído a Denis de Rougemont. La empresa turística como nuevo colono, dirá ella. Hacer negocio con las carencias de la clase media, con su hastío. La literatura tiene poquísimas posibilidades de ser ya un negocio perfecto. Discutirán después si literatura, si novela. Hablarán también de la perfecta diagramación de la novela, sostenida para que no decaiga jamás, fuertes dosis de nihilismo aquí, Comte como mentor allá, el sexo, no tan diferente del que practican las sepias, dice ella en un arranque de pretendida jocosidad mientras él se ruboriza tras los cubitos de hielo que tintinean ya solos en su copa, para reponer: No, no. No creo que las sepias hagan tríos e intercambien a sus parejas. Aunque quién sabe. (Más tarde, solo en su cuarto, él googleará en su iphone vida sexual de las sepias, para cerciorarse). Y el estallido de violencia final, bombas caseras para la provocación islamófoba. Creo que le llevaron a juicio por eso, dirá ella llamando al camarero, y abrirá el libro al azar mientras piensa que seguramente el original sea mejor que la traducción española.

Esa noche examiné con atención el clítoris de Valérie. En el fondo nunca le había prestado una  atención muy precisa; lo acariciaba o lo lamía en función de un esquema global; me había aprendido la posición, los ángulos, el ritmo de los movimientos que tenía que hacer; pero esa noche estudié mucho rato el pequeño órgano que palpitaba ante mis ojos.

– ¿Qué haces?, preguntó ella con sorpresa, después de cinco minutos con las piernas abiertas.

– Una idea artística… -contesté, dándole un breve lametazo para calmar su impaciencia.

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