Templete y vaselina

Salí a la tarde encapotada y enfilé Orellana hasta la plaza de Santa Bárbara. En el quiosco de libros hurgué en los saldos a dos euros y después paseé la mirada sobre la mesa, ficción primero, no ficción después. Creo que no he comprado allí en mucho tiempo. Tal vez desde antes de la demolición del quiosco, un templete tetrástilo dórico cuadrado de 2,5 metros de altura por 5,50 metros de lado, único en su estilo y función que quedaba en el centroDesde la remodelación de la plaza el quiosco es de cristal y Santa Bárbara parece ahora una plazuela barcelonesa o parisina. Ha mejorado después de todo. Teniendo en cuenta que la noche anterior yo había soñado con un pequeño libro de Genet con cubierta gris plata me sorprendió ver allí un libro suyo de pocas páginas. Era una edición Alianza Losada de Las criadas. La intención de comprar quedó detenida en el título rápidamente identificado como pieza teatral. La edición no estaba mal, tapa negra, con una imagen dramática de una representación. Varias mujeres tendidas espectacularmente en el suelo del escenario, tensas y trágicas.  Hubiese comprado cualquiera de sus novelas de haberlas visto tendidas allí a un precio no excesivo. Creo que jamás he visto una edición de Pompas Fúnebres. Hace ya muchos años (creo que 11) compré una edición Seix Barral de segunda mano de El diario del ladrón. No puedo recordar dónde. Alguien me habló de la novela en un supermercado. Mencionó el incidente de Genet con la policía española en 1934, cuando fue detenido tal vez en Barcelona y sus efectos personales se reducían a un tubo de vaselina. Genet era chapero en las Ramblas. Hay una redada. Lo detiene la policía con un tubo de vaselina. Para empeorar las cosas la vaselina era mentolada y los agentes hicieron chistes sobre la irritación que el mentol ejercía en las mucosas. No usaron esas palabras, seguro, ni irritación ni mucosa. Adivino una rudeza grosera, veo sus caras bigotudas y socarronas. Tengo que volver al texto para recordar cómo recrea Genet el incidente, para ver si describe a la benemérita. Más bajo no se podía caer, Jeannot. Pero el escritor se las arregla para dignificar la mugre pegada al tubo y elevarla a la categoría de símbolo. La conciencia de su caída está salvada con palabras, con su prosa ornamentada. Genet odiaba las anécdotas y toda su literatura es tal vez un intento de trascender lo anecdótico de una vida contra la moral burguesa. La prosa que utiliza para salvarse de una condición y circunstancia ignominiosa se transforma en redención por la vía del arte, y más o menos esto fue lo que vino a decir la persona que me recomendó el libro en aquel supermercado, apenas un ultramarinos de la calle Vallehermoso, hace 11 o 12 años. Hace mucho tiempo que no toco ese libro. Buscaré la escena para ver si coincide con mi recuerdo o por lo contrario la memoria es deseable traición.

Librería Santa Bárbara (antes)

Librería Santa Bárbara (después)

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