Sergio Chejfec: La experiencia dramática

Es difícil que la presentación de un libro no acabe convirtiéndose en una reseña de ese libro. Así lo advirtió Mercedes Cebrián al principio de la presentación de La experiencia dramática de Sergio Chejfec (Buenos Aires 1956) en Madrid. No dejó sin embargo de ser una reseña y a mí me pareció lógico que así fuera. Si la reseña de un libro es su evaluación o crítica constructiva, la presentación fue una reseña donde el autor se convirtió en una presencia esclarecedora. Comedido, monocorde, tratando de no mirar a las veinte o treinta personas que tenía delante, jugando con el tapón de una botella de agua mineral mientras ofrecía las claves de su libro.

Sergio Chejfec_1

Chejfec, afincado en Nueva York, ha publicado once novelas, sólo tres de ella en España, en Candaya las tres: Baroni: un viaje; Mis dos mundos y La experiencia dramática. Las novelas de Chejfec renuncian al enigma y minimizan la peripecia. Discurren en un plano conceptual. Son el despliegue de una idea. La narración desarrolla un pensamiento que escenifica a su vez la evolución de un razonamiento. En este caso la novela trata de revelar cierta ambigüedad alrededor de la idea de representación. La experiencia dramática alude tanto a una experiencia hiriente, traumática, dolorosa como a un sentido escénico, teatral. Dos personajes, Félix y Rose, se encuentran puntualmente en una ciudad sin contornos, casi anónima, para conversar. La cita suele ser un un bar. Ella pide té de hierbas y él café. Se turnan para pagar. Ella paga siempre con tarjeta y él siempre en efectivo. Podríamos decir que esto resume lo que llamamos acción o peripecia. El narrador es un escenógrafo minucioso encargado de controlar los niveles de información y de vacilación en las mentes de los personajes y por tanto en la del lector.

Sergio Chejfec

Chejfec admite la influencia de Sebald en su narrativa pero rechaza la de Walser. Se comparó Mis dos mundos con El paseo, libro que nunca leyó Chejfec. En Sebald la argumentación ensayístico-literaria tiene una organización textual tan calibrada que nos enfrenta, según Chejfec, al límite preciso de nuestras posibilidades como escritor. Es ese límite lo que le interesa, y desde las primeras páginas de La experiencia dramática anula la posiblidad  de un paseante o flâneur. Al principio del libro Félix evoca a un párroco que compara a Dios con google maps. Los términos de esta comparación son grotescos y hasta odiosos. Pero en el fondo qué mejor referencia, por paradójica que sea, para hacer comprensible a una feligresía contemporánea la omnipresencia de Dios. Félix usa google maps para ir a reunirse con Rose y esta anticipación que la tecnología permite elimina la incertidumbre geográfica pero no la comunicativa. La ventaja de la matemática es espacial, topográfica, pero no necesariamente espiritual. Para Chejfec la idea del caminante que encuentra motivos de celebración (subjetiva, cultural, moral) en el hecho de vagar o perderse en la ciudad no tiene mucho sentido porque está condenado a la repetición y por tanto al aburrimiento y a la decepción. Un caso opuesto y reciente al de Chejfec es el de Teju Cole, que consigue en Ciudad abierta reanimar al flâneur en Nueva York sin caer en el tópico o en el hastío. La ciudad existe para ser escenario de una porción de vida, para ser convergencia o ilación de unos hechos que aportan su materia tangible a la narración. Chejfec renuncia incluso a la ciudad. Su escenario es espectral porque está hecho de dudas. Es una apuesta arriesgada pero lo suficientemente sólida y rigurosa como para convertirle en uno de los narradores actuales más interesantes.

Las fotos son de Juan Carlos Herrera.