Biblioteca, de Gonçalo M. Tavares

Querido Gonçalo M. Tavares: Jerigonza no es la hermana más vieja y más gorda de tu padre. Lees en una playa con barba de candado. El salitre empaña tus gafas y entrevera las líneas del libro que una vez cayó rodando por la escalera. En la ciudad de Delvaux estatuas y trenes alternan en la medianoche. Hay un silencio sepulcral aquí. Todo es posible aquí. (¿Ves? Silencio sepulcral: las monedas están gastadas). Galimatías no es un vecino tuyo afeminado y miope. Tiras de un hilo de la historia, tiras del hilo con el lenguaje. Detrás del lenguaje hay un recuerdo. Te seduce con una insinuación. Propones juegos. Poemas.

Gonçalo M. Tavares (Luanda 1970) nos invita con Biblioteca (2004, editado por Xordica y traducido del portugués por Félix Romeo) a un viaje alucinante y baldío.  Surrealismo en la orilla. La escritura automática de una reminiscencia lectora. En ocasiones lo más subjetivo se parece al dislate. Creo que es un ejercicio o una tentación. Es agradable nadar en ese agua. Es como escribir para no tener edad, ni sexo, ni responsabilidades. Pasea Tavares no por su biblioteca sino por sus lecturas. O por la impresión (imagen, daguerrotipo mojado) del autor de un libro mojado también, a la deriva. A veces un filo de ese libro nos trae la imagen empañada de aquel que fuimos leyéndolo. Otras veces somos la gota de lluvia que desde el otro lado del cristal nos devuelve la mirada. Hay ideas gozosas a las que el lenguaje da forma de animalito mordedor. Mis entradas favoritas de este diccionario tavaresco (él consentirá que yo acuñe este adjetivo) son aquellas en las que puedo atisbar algo que es mío también. Aquí la experiencia compartida es la que tiene valor.

CALDERÓN DE LA BARCA. Hay nombres que son versos o narrativas rápidas que fascinan. Calderón de la Barca es uno de esos ejemplos. Hay escritores que no necesitan escribir libros, deberían decir sólo su propio nombre, y para la historia de la literatura bastaría, la clara belleza del pequeño choque de nombres es evidente y abundante. Ya escribí sobre esto. Joao Cabral de Melo Neto es otro ejemplo perfecto. Un día escribiré un libro cuyo contenido tendrá apenas cinco palabras: Joao Cabral de Melo Neto. Y quien lo lea atentamente, con la lentitud y la profundidad de los antiguos y de los pacientes, al final dirá: qué bello libro.

JAMES JOYCE. James Joyce bajó de un autobús en Berlín y dijo: esta no es mi ciudad: no veo a Bloom. Hay escritores que viven en personajes como hay putas que viven en esquinas. James Joyce era un hombre que vivía en Bloom. Además, había un amigo de todos que era el hombre más lento del mundo: tardaba más de seiscientas páginas en recorrer un día. Hombre medio inteligente medio idiota, pero que sólo actuaba con la mitad de sí mismo.

MALCOLM LOWRY. Si quieres quedarte debajo de un árbol no necesitas pasaporte. Si quieres ser fiel a tu mujer no necesitas una amante. Ningún borracho (desde el comienzo del mundo) orinó solo. Un borracho orina siempre en compañía (aunque sea de una canción).

STRINDBERG. Ninguna visión será capaz de levantar el suelo hasta la altura de una nube. Los destrozos de una casa no son demonios que te persiguen, a no ser que en la casa viviese tu bliblioteca, y en tu biblioteca estuvieran tus frases, y en tus frases vivieran tus ideas, y en tus ideas vivieses tú, completamente, o tres personas que amas. En el fondo, un revólver anticipa menos la sangre que un puñal, y nada mecánico explica esta sensación. Monotonía y sufrimiento son a veces compatibles.

SYLVIA PLATH. Una delicada mujer blanca de cuello negro bajó de un carruaje de locos. Había un gordo rojo, y había otros colores. Las abejas fornican tu correo y no dejan que las buenas noticias lleguen. Seis ejercicios contra una pared. Cuatro comprimidos contra un estómago. La alegría es un pozo del que tienes miedo y en cada mano tienes seis dedos, uno para ser cortado y otros cinco para abrazar a quien amas. Olvidarás los cinco que te quedan y sólo te quedará el dedo que expulsaste. Dedo malo y negro.

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