Nada es verdad, todo está permitido

1. Life is a killer

Periodista: Mary McCarthy te ha caracterizado como un utópico amargado. ¿Es cierto?

William Burroughs: Si eso significa que lo que digo debe ser tomado literalmente, entonces es verdad… sí, para ser consciente del verdadero crimen de nuestra época, para dar en el blanco. Todo mi trabajo va dirigido contra aquellos que están empeñados, mediante la estupidez o el designio, en volar el planeta o en hacerlo inhabitable. Como la gente de la publicidad de la que hablábamos, me interesa la manipulación precisa de las palabras y las imágenes para generar una acción, no para salir y comprar una Coca-Cola, sino para crear una alteración en la conciencia del lector. Sabes, me preguntan si continuaría escribiendo si estuviese en una isla desierta y supiese que nunca nadie va a leer lo que he escrito. Mi respuesta es rotundamente sí. Continuaría escribiendo por compañía. Porque estoy creando un mundo imaginario -siempre es imaginario-donde me gustaría vivir.

Desde el 6 de septiembre de 1951, el día en que todo cambió, el empeño de Burroughs se concentró, también en un sentido no figurado, en dar en el blanco. Hizo prácticas de tiro hasta el final de sus días. “Mi pasado fue un río envenenado del que uno tuvo la fortuna de escaparse y por el que uno se siente amenazado años después de los hechos relatados”. Para desenmascarar al Espíritu Feo que mató a Joan Vollmer se celebró un ritual. (Para seguir leyendo tenemos que aceptar que fue el Espíritu Feo y no un coctel de ginebra y benzedrina quien acertó a Joan en la cabeza aquel día en México. La historia se escribe como un cuento de hadas). Hubo que esperar hasta 1985. Bestsellie, el hechicero indio recomendado por Brion Gysin, tenía fama de ser un poderoso brujo que conocía secretos arcanos. Se decía que era capaz de enfrentarse y lidiar con todo tipo de entidades sobrenaturales, abriendo cualquier puerta y ofreciendo respuestas.

Para lograr ese objetivo, el Sacerdote Yonki no estaría solo y todos los personajes de sus novelas acudirían en su auxilio. La Policía Nova y Juan el Muerto le ayudarían, al igual que los Chicos Salvajes, encargados de destruir todos los sistemas dogmáticos y las viejas basuras verbales. Y también Hassan i Sabbah, el viejo de la montaña, mítico lider de la oscura y antigua secta de Los Asesinos (…) A partir de entonces, Burroughs adoptó la famosa máxima de Hassan i Sabbah: Nada es verdad, todo está permitido. Una contraseña mágica. La frase funcionaba como un método que destruía cualquier resistencia. “Se dice que un iniciado que desee conocer la respuesta a cualquier pregunta-escribió en Ciudades de la noche roja– sólo necesita repetir estas palabras cuando se duerme y la respuesta llegará en un sueño.

Tras un ritual agotador el chamán vio al Espíritu Feo que mató a Joan con la mano de Burroughs. El Feo era un hombre blanco siniestro, sin ojos, con cara de magnate americano, con cara de Rockefeller, de J.P Morgan pero sobretodo con cara de William Randolph Hearst.

w_borroughs

2. El día que Kurt Cobain conoció a William Burroughs

Somos escépticos en relación a la importancia que tal evento tuvo para la historia de la humanidad. Pero el escepticismo puede ser tanto un obstáculo para escribir libros como una manera de acercarse a ellos. Aunque se intuye que el subtítulo del libro no es del autor Servando Rocha sino de la editorial Alpha Decay, queremos ver en el encuentro ese choque  “galaxias heridas” de que habla el autor. En todo caso no son las repercusiones del encuentro lo que importa sino todo lo que se cruzó ahí, aquel día de octubre del 93 en que esos dos yonquis intercambiaron regalos en Kansas. Cobain le regaló a Burroughs un casete de Leadbelly. Lo interesante no es la foto (hay cuatro o cinco de la ocasión), ni siquiera lo se dijeron Cobain -que ya estaba muerto, según apreció Burroughs aquel día- y su ídolo. Lo interesante es la capacidad de Rocha (se le agradecen la fluidez y las referencias) para explicar un siglo de contracultura a través de Leadbelly, Burroughs y Cobain. (Leadbelly -el primer punk rocker según Cobain- nieto de esclavos asesinados por el Ku Klux Klan se pudrió en la cárcel por acuchillar a un hombre que le había atacado, pero le permitieron grabar algunos temas de su autoría, míticos hasta el final de los tiempos, entre ellos The house of the rising sun y Where did you sleep last night, titulada en origen Black girl y que por cierto dista mucho de ser el enigmático lamento de un cornudo).

leadbelly3. Devil got my woman

Detrás de cada viejo cantante de blues hay un agujero de bala. Son House, Skip James. Burroughs no iba ni al buzón sin portar una de sus pistolas. Poseía una excelsa colección. La más potente era una 454 Casull. Dormía con una S&W Snubble del 38 bajo la almohada. A veces practicaba tiro sobre un retrato de Shakespeare, lo que no deja de ser una metáfora certera de todo cuanto su obra persiguió. A Cobain también le gustaban las armas, pero al contrario que sus otros muchos visitantes no le pidió que se la enseñara. Juntos grabaron un disco titulado The Priest they called him basado en un texto de Burroughs bastante sórdido en el que el Cura, un vendedor callejero de postales contra la tuberculosis, encuentra una maleta con unas piernas dentro (que más tarde nos remitirá al oscuro crimen de la Dalia Negra). Cobain le acompaña con una guitarra atmosférica e inquietante. Burroughs interpretó el breve papel de Priest en Drugstore Cowboy (1989) de Gus Van Sant, donde dice su texto como un poeta del XIX recitaría sus versos. El viejo predicador, High Priest of Hipsterism. El cura es un tipo ambiguo, en todo caso un yonqui capaz de compartir su dosis. En su pasado hay un agujero de bala. Todo indica que también él pactó con el diablo en un cruce de caminos. El blues explica a Burroughs tanto como el nihilismo explica a Cobain. La contracultura americana es una historia de la violencia que, como toda conquista, necesita un reguero de cadáveres -a veces anónimos- con que poder construir una historia nueva que será, en última instancia, un virus, un himno generacional. A Cobain, que soñaba con un fin del mundo sin testigos, tal vez no le hubiese preocupado en absoluto la respuesta a la pregunta que Rocha deja flotando en el epílogo: la música de Nirvana, los libros de Burroughs y las canciones de Leadbelly, ¿pervivirán a su tiempo y, en caso de que así sea, cómo se hablará de ellos cuatro siglos después? ¿Resistirán la forma que tenemos de narrar la historia y construir acontecimientos? Dicho de otro modo, ¿podemos soñar con que dentro de cuatro siglos un nuevo Exterminador practique tiro contra la efigie de Burroughs? nada es verdad

 

 

4 comentarios en “Nada es verdad, todo está permitido

  1. Te dije en otro post que además, deberías vivir de estos posts, amiga. Vivir, literalmente hablando. Quede doblemente escrito.

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