Lo que en literatura hay que evitar

Imagino la cara que hubiera puesto Borges si, al término de su vida, un editor imprudente hubiera cometido la torpeza de proponerle que escribiera sus memorias. Dice Piglia que la tradición literaria tiene la estructura de un sueño en el que se reciben los recuerdos de un poeta muerto. Aun habitado por los recuerdos de Shakespeare además de por los suyos propios y los de quién sabe cuántos escritores ingleses del XIX, la cara de Borges hubiera sido sin duda algo más divertida que la que hubiera puesto Funes ante la misma invitación.

Esta propuesta que un editor hizo a Bioy Casares en los 90 fructificó en su caso en unas memorias breves, pues la memoria, como es sabido, puede ser también esquiva y arbitraria y atenerse a un capricho que la autobiografía como género no se puede permitir. Tusquets publicó en 1994 (cinco años antes de la muerte del escritor) las Memorias de Bioy, asegurando en la contratapa que se trataba solo del primero de los volúmenes. Nunca hubo una segunda parte, hecho que quedó pocos años después ampliamente compensado con la aparición póstuma de Borges, un libro de 1600 páginas de conversaciones y encuentros con Borges que Bioy había registrado en sus diarios a lo largo de cincuenta años de amistad.

Las Memorias de Bioy, aunque caprichosas y redactadas (si no dictadas) en una vejez dolorosa, tienen la virtud de ir en línea recta hacia los recuerdos que pueden decirse, traer comentarios y juicios sobre la obra propia, decantar algunas ideas (por ejemplo sobre la novela policial) que compartía con Borges. También hay cosas como esta boutade, lista que hace el protagonista de un cuento que no llegaron a escribir y que era, a fin de cuentas, un escritor de obra escasa:

En literatura hay que evitar

-Las curiosidades y paradojas psicológicas: homicidas por benevolencia, suicidas por contento. ¿Quién ignora que psicológicamente todo es posible?

-Las interpretaciones muy sorprendentes de obras y de personajes. La misoginia de Don Juan, etcétera.

-Peculiaridades, complejidades, talentos ocultos de personajes secundarios y aun fugaces. La filosofía de Maritornes. No olvidar que un personaje literario consiste en las palabras que lo describen (Stevenson).

-Parejas de personajes burdamente disímiles: Quijote y Sancho, Sherlock Holmes y Watson.

-Novelas con héroes en pareja. La dificultad del autor consiste en: si aventura una observación sobre un personaje, inventará una simétrica para otro, abusando de contrastes y lánguidas coincidencias: Bouvard et Pécuchet.

-Diferenciación de los personajes por manías. Cf: Dickens.

-Méritos por novedades y sorpresas: trickstories. La busca de lo que todavía no se dijo parece tarea indigna del poeta de una sociedad culta; lectores civilizados no se alegrarán en la descortesía de la sorpresa.

-En el desarrollo de la trama, vanidosos juegos con el tiempo y con el espacio. Faulkner, Priestley, Borges, Bioy, etcétera.

-El descubrimiento de que en determinada obra el verdadero protagonista es la pampa, la selva virgen, el mar, la lluvia, la plusvalía. Redacción y lectura de obras de las que alguien pueda decir esto.

-Poemas, situaciones, personajes con los que se identifica el lector.

-Frases de aplicabilidad general o con riesgo de convertirse en proverbios o de alcanzar la fama (son incompatibles con un discours cohérent).

-Personajes que puedan quedar como mitos.

-Personajes, escenas, frases deliberadamente de un lugar o de una época. El color local.

-Encanto por palabras, por objetos. Sex y death-appeal, ángeles, estatuas, bric-à-brac.

-La enumeración caótica.

-La riqueza de vocabulario. Cualquier palabra a la que se recurre como sinónimo. Inversamente. Le mot juste. Todo afán de precisión.

-La vividez en las descripciones. Mundos ricamente físicos. CF: Faulkner.

-Ambientes, clima. Calor tropical, borracheras, la radio, frases que se repiten como un estribillo.

-Principios y finales metereológicos. Coincidencias meteorológicas y anímicas. Le vent se lève!… Il faut tenter de vivre!

– Todo antropomorfismo.

-Novelas en que la trama guarda algún paralelo con la de otro libro. Ulysses de Joyce.

-Libros que fingen ser menús, álbumes, itinerarios, conciertos.

-Lo que puede sugerir ilustraciones. Lo que puede sugerir filmes.

-La censura o el elogio en las críticas (según el precepto de Ménard). Basta con registrar los efectos literarios. Nada más candoroso que esos dealers in the obvious que proclaman la inepcia de Homero, de Cervantes, de Milton, de Molière.

-En las críticas toda referencia histórica o biográfica. La personalidad de los autores. El psicoanálisis.

-Escenas hogareñas o eróticas en novelas policiales. Escenas dramáticas en diálogos folosóficos.

-La expectativa. Lo patético y lo erótico en las novelas de amor; los enigmas y la muerte en novelas policiales; los fantasmas en las novelas fantásticas.

-La vanidad, la modestia, la pederastia, la falta de pederastia, el suicidio.

 

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