Limónov, de Emmanuel Carrère

“Sueño con una insurrección violenta. Nunca seré Nabokov, no correré nunca detrás de las mariposas por las praderas suizas, con piernas anglófonas y velludas. Que me den un millón y compraré armas y provocaré una sublevación en cualquier país”. Esto dice Limónov en uno de sus libros, a principios de los 70.

No, nunca será Nabokov. Tampoco será Brodsky ni Solzhenitsyn, a quienes desprecia y vilipendia como el pueblerino rabioso que es.

Y es que, a la larga, Limónov prefiere las ametralladoras.

¿Quién es Limónov? Ante todo un personaje digno de una biografía de Carrère. Después un montón de cosas. Un proleta, un renegado, un escritor mediocre, un exiliado soviético, un megalómano. Un hijo del stalinismo. Un opositor de Putin. Un obrero ucraniano hasta 1963 y hasta 1974 superviviente underground en Moscú, poeta dudoso, sastre eventual, oportunista. Carrère tiene mucha fe en su personaje, qué duda cabe. Le teme un poco, toma distancia. Alrededor del centro que es Limónov, Carrère hace la historia de la URSS y su derrumbe. No es un neófito Carrère: su madre es hija de rusos blancos y reputada historiadora, burguesa parisina (Carrère se define a sí mismo como un bobo (bourgeois bohemian). Y de alguna manera consigue traspasar la delgada línea que separa al bodrio periodístico del prix des prix (2011); está claro que Limónov interesa en Francia (aquí no tanto pero de todas formas anagrama nos lo ha colado con éxito). Allí le publicaron sus novelas autobiográficas y crudas en los 80. Vivió en París toda esa década. En Nueva York fue un indeseable para los disidentes rusos, un beatnik fuera de órbita, un indigente, un escritor en los parques y el mayordomo de un multimillonario. Sus mujeres fueron esquizofrénicas, cocainómanas, alcohólicas autodestructivas y, finalmente, menores de edad.  Es capaz de beber un litro de vodka por hora desde los 14 años.  Zapói es el nombre ruso de una borrachera que dura días. Duró una semana cuando lo abandonó en Nueva York su segunda mujer, Elena Schapova.

Pero Carrère empieza por el final: desde el principio sabemos que Limónov es poco menos que un criminal de guerra. En los 90 le vemos entregado a la causa serbia en los Balcanes. Hay imágenes en las que se le ve departiendo con Karadžić y ametrallando Sarajevo.

“Si un artista no comprende a tiempo que ha de consagrarse a algo más elevado que él, como un partido o una religión, lo que le espera es un destino lastimoso lleno de borracheras, shows de televisión, pequeños chismorreos”, escribe Limónov poco después de volver a Rusia para fundar el Partido Nacional Bolchevique (nacionalismo moderado, socialismo de línea dura y consignas neofascistas).

En efecto, Limónov es una antítesis de Nabokov.

Si en los años 80 cada novela de Limónov había vendido en Francia unos diez mil ejemplares como máximo (su editor había convertido con buen tino It’s me, Eddy, en Le poète russe préfère les grands nègres, en referencia a la sodomía interracial practicada en los parques para olvidarse de Elena, hechos narrados en crudo en su autobiografía neoyorkina y también, parcialmente, en el libro de Carrère), en la Rusia de Yeltsin se vendieron cientos de miles de ejemplares. Esto le granjeó cierta fama, una fama como de escritor terrorista. Primero cientos y luego miles de adolescentes provincianos con granos, estética gótica y nada que perder empezaron a seguirlo. Eran los nasbols, militantes del partido que había fundado Limónov y al que después se sumó como cabeza visible Kasparov. Activismo, provocación, cárcel, persecución putiniana y celebridad gracias a Carrère, que ha escrito un libro interesante pero sobrevalorado por la crítica. Su lectura ha tenido en mí los efectos opuestos a la biografía de Philip K. Dick (Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos) que escribió Carrère y que me condujo directamente a la lectura desaforada de sus novelas. Las de Limónov no leeré, no es necesario. Yo prefiero a Nabokov. De todas formas, y a la larga, no creo que la etiqueta de escritor pese más en su biografía que la de adversario de Putin. Un adversario de Putin que venera a Stalin, a Johnny Rotten y a Mishima y ha logrado (por ahora) esquivar el polonio 210.

Limónov escoltado por dos militantes de su partido, en 2004.

Limónov escoltado por dos militantes de su partido, en 2004.

Un comentario en “Limónov, de Emmanuel Carrère

  1. (Perdonad las faltas, pero soy francés)
    Muy interesante, pero el verdadero Limonov difiere mucho de lo que cuenta Carrère.
    No es un “escritor mediocre”, sino uno de los mejores escritores rusos contemporaneos, un escritor cash, con los ojos siempre abiertos, no como los “escritores de interior” que no conocen nada del mundo.
    Mas que escritor, Limonov es una leyenda en Rusia, y lo sera cada vez mas en todo el mundo cuando se le conocera mejor.
    Es Espana, nadie le ha leido, y fuera de Rusia, como en Francia, es por el momento un escritor para “happy fews”.
    EN Rusia, Limonov es el idolo de la mayoria de les jovenes escritores.
    Aqui van 3 textos de Zajar Prilepin (el mejor de los escritores rusos jovenes) , en espanol y francés, diciendo quien es el verdadero Eduard Limonov :
    http://www.tout-sur-limonov.fr/222318806
    http://www.tout-sur-limonov.fr/222318798
    http://www.tout-sur-limonov.fr/

    PS – Gracias por este blog apasionante, por ejemplo los articulos sobre el gran Jean Genet.

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