Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo

Mondadori DeBolsillo publicó hace unos meses en un solo volumen tres novelas breves de tema detectivesco de Mario Levrero (Montevideo 1940-2004): Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo, La banda del Ciempiés y Dejen todo en mis manos. Esta última ya la había publicado en España Caballo de Troya e hice en su momento un pequeño comentario al final de este post.

Aunque siempre digo que La novela luminosa (2005) es el gran libro de Levrero -sin parangón en su bibliografía- y que pasará a la historia como uno de los grandes libros escritos en nuestro idioma a comienzos de este siglo nunca dejo de atender a lo que se va publicando de él en España, más por simpatía que por curiosidad aunque sí, por curiosidad también.

Si La novela luminosa posee la gravedad de un libro póstumo que es testamento y ajuste de cuentas -con uno mismo y con su escritura-, en Nick Carter encontramos en estado puro el humorismo que nunca le abandonó como escritor y -cabe suponer- como ser humano. El comienzo de la novela es tan hilarante y tan lleno de castillos y aristócratas ingleses con monóculo  -Lord Ponsonby solicita los servicios del detective Carter- que una tiene la impresión de estar ante un libro de Wodehouse. La trama es tan disparatada que diríase que Levrero comenzó a escribir el libro sin un guión establecido, abandonándose a la improvisación y llenándolo de alusiones evidentes a un género que siempre le entusiasmó y que leyó hasta el final, aun en sus más baratas versiones. Tinker es el nombre del ayudante, como uno de los agentes de Le Carré en El Topo. Tinker se llama también Watson y pasa la mayor parte del tiempo dentro de un bolso de viaje dando rienda suelta a la afición de doblar papeles sobre sí mismos. La acción narrada por Carter en primera persona se interrumpe y continúa retransmitida en el televisor, con sus cortes publicitarios, su trama en suspense y su voluntad folletinesca. La trama, desde luego, es lo de menos. Levrero es humorista antes que escritor policiaco y mientras escribe se ríe a mandíbula batiente (también nosotros) del género y de lo serio, de ese escritor-burócrata que también detestaba Cortázar.

La Banda del Ciempiés se publicó -en su versión abreviada, informa Ignacio Echevarría en el prólogo- en los meses de febrero y marzo de 1989 en Página/12. Más cercano al pulp que al relato detectivesco, es lo más desopilante que he leido en mi vida (en esta encarnación al menos). ¡Hijo de la grandísima puta! La historia arranca con un pretexto criminal absurdo: un grupo de 50 hombres, conocido como La Banda del Ciempiés, recorre la ciudad bajo una lona haciendo sonar matracas y panderetas mientras comete todo tipo de atropello sembrando el pánico entre la ciudadanía. El jefe de policía Smithie Andrews, el detective privado Carmody Trailler y su ayudante Angus McCoy irán tras la pista de la banda cuando perpetran los malhechores el secuestro de la niña Molly, vendedora de violetas. Lo absurdo alcanza cotas grotescas. Levrero introduce en la trama un conflicto diplomático con China, torturas que incluyen cirugías y cambios de sexo a los represaliados, formulación de amenazas de un sadismo gore, amor lésbico, canibalismo y un largo etcétera de aberraciones en circunstancias inverosímiles que saturan el relato de una comicidad tan flagrante que el lector -incapaz de soportar la risa nerviosa- no tendrá más remedio que llorar para desahogarse. No lean este libro en el transporte público.

Pero la deriva de la narración es más sorprendente que el mayor de los disparates que contiene. La acumulación de peripecias cruentas cesa y la prosa de Levrero -que en ningún momento ha dejado de ser plástica y prolija en detalles- se torna, como en sus horas mejores (pienso en la Trilogía Involuntaria o en la propia Novela Luminosa) intimista y reflexiva, indagando en las motivaciones de los personajes sirviéndose de sus instrumentos favoritos: el sueño y el inconsciente. Ramificaciones insospechadas de la trama se suceden y Levrero disecciona con ayuda de la lógica los prolegómenos del desenlace cubriéndolos con la pátina de lo cabal. Así, lo que comenzó siendo un cómic negro evoluciona hacia la nouvelle y lo que parecía una boutade resulta ser gran literatura. El lector va de sorpresa en sorpresa y no le importa que el narrador haya abandonado en la cuneta a algunos personajes que parecían relevantes; la profundidad que otros adquieren (aunque se trate del resplandor de un sólo día, un día de Angus McCoy) compensa toda aniquilación.

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3 comentarios en “Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo

  1. Hola:

    Yo leí los dos primeros libros de este volumen pidiéndoselos a un amigo chileno, que me envió desde allí la edición argentina. Es una pena que aquí tarden tanto en sacarlos; y los saquen directamente en bolsillo.

    La semana pasada leí otro de Levrero: El alma de Gardel, comprado en la librería Iberoamericana de Madrid a precio de importación; editado en Mondadori Argentina. Estaba muy bien, es la transición entre las novelas más disparatadas, con la de Nick Carter o La banda del ciempiés, y las más intimistas como El discurso vacío o La novela luminosa (yo también pienso que es su mejor libro, me impresionó mucho leerla).
    saludos

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